Preguntamos en días pasados a un abogado español sobre los efectos que tendrá en su país la llegada de Donald Trump al poder.

Imperturbable respondió: “Absolutamente ninguno”.

¿Cómo?, contestamos sorprendidos.

“Lo que haga Estados Unidos es problema de ellos y si alguna acción nos impacta, pues simplemente España tomará las medidas para enfrentarla”, concluyó.

Evidentemente la península Ibérica está al otro lado del Atlántico, ellos no cuentan con una frontera de más de tres mil kilómetros con los güeros yanquis ni tampoco tienen once millones de paisanos viviendo en Norteamérica.

No obstante, la actitud serena y confiada del español impactó a los mexicanos presentes en la charla.

Seguramente usted amigo lector, al igual que este columnista, ha leído y escuchado decenas o cientos de quejas, argumentos, críticas, descalificaciones, ataques y vituperios contra el millonario Trump y de las barbaridades que supuestamente hará en contra de nuestro país y de los mexicanos y demás inmigrantes indocumentados que sobreviven en la vecina nación.

Existe además pánico e incertidumbre en algunos sectores que anticipan que Trump será el peor de los tiranos y el culpable de los peores males para México.

Se nos olvida que buena parte de los problemas que hoy preocupan en nuestra relación con el coloso del norte son responsabilidad de los mexicanos y que a nosotros toca resolverlos y no a Donald Trump.

Los gobiernos mexicanos –bien lo sabemos— no han hecho su parte en la creación de empleos y fomento de inversiones. De ahí que once millones de mexicanos –prácticamente el diez por ciento de la población— tuvo que emigrar en busca de un trabajo y de un clima que le permita vivir con seguridad, bienestar y salud.

El presidente Barack Obama deportó a cerca de tres millones de indocumentados mexicanos y nadie dijo nada. ¿Sabe usted de algún programa serio en la frontera o en los centros de mayor expulsión de migrantes en donde se promueva la creación de empresas y de fuentes de trabajo?

La Secretaría de Relaciones Exteriores emitió un plan de once puntos para proteger a los mexicanos que francamente son risibles por no decir que inútiles.

En ningún momento la Cancillería habla de ofrecerles una vía decorosa para regresar a México que incluya una oferta de trabajo y cobijo para sus familias. Bien dice el periodista Carlos Ramírez que el gobierno de Peña Nieto lo que más desea es que no regrese ningún paisano.

En el tema comercial la respuesta mexicana debe ser directa y objetiva. Si Trump quiere echar abajo o renegociar el Tratado de Libre Comercio, pues hagamos lo mismo: poner aranceles a los artículos norteamericanos, en especial los que no ayudan al bienestar del país y que sangran la economía en hogares. Verbigracia los celulares, televisores, cerveza, licores, autos de lujo, etc.

Aprovechemos también para impulsar al campo mexicano mediante la aplicación de cuotas a granos y otros productos importados y al mismo tiempo subsidiar aquí la agricultura para impedir que nuestros campesinos emigren y sean objeto de discriminación y abusos.

¿Qué estaríamos regresando al pasado y a la época del proteccionismo? Efectivamente sí porque lo que nos compete ahora es proteger la economía y a nuestra población.

Cabe además una acción política y diplomática urgente: cobrar bien el enorme favor que le hizo Peña Nieto a Donald Trump al invitarlo a México y darle trato de jefe de estado lo que significó una buena suma de votos para el magnate neoyorquino.

En lugar de poner cara de víctima, el mandatario azteca tendría que gestionar pronto una reunión con el presidente electo para ahora sí sentar las bases de lo que será la relación entre dos grandes vecinos, incluyendo los temas incómodos como las deportaciones, el muro fronterizo y el TLC.

De no hacerlo, Trump barrerá públicamente con México y sus inmigrantes de aquí a su toma de protesta el 20 de enero del 2017. Ya lo veremos.

Apuntes en serie
Visionaria, aunque todavía insuficiente, la propuesta del presidente de Coparmex, el mexicalense Gustavo de Hoyos, al solicitar un aumento del salario mínimo que llegue a los 89.35 pesos diarios al final del 2017. Con ello –afirma—se recuperará la línea de bienestar que se llevó la inflación, sin contar los efectos de la devaluación del peso en este 2016… Parece que fue ayer cuando hace 30 años Hermosillo vivió una enconada polémica por la llegada de la planta Ford ante los supuestos efectos nocivos que acarrearía. Obviamente no fue así, la empresa Ford impulsó el cambio de una economía y cultura agropecuaria a una industrial y de servicios en la capital sonorense. Entre los autores de aquella hazaña recordamos al empresario Guillermo Tapia Calderón y al entonces gobernador Samuel Ocaña García.