El tan esperado inicio de las campañas presidenciales resultó un chasco por no decir un gran fracaso para “los cuatro fantásticos”, perdón para los cuatro candidatos.

De entrada hay que dar otro fuerte jalón de orejas para quienes hicieron el calendario electoral, sean los legisladores o los consejeros del cada día más descalificado Instituto Nacional Electoral.

Por Dios, ¿en qué cabeza cabe programar el arranque en Viernes Santo cuando buena parte de los mexicanos asisten a los oficios religiosos y otros más vacacionan a sus anchas en las playas del país y en centros turísticos del extranjero?

Cuando menos Andrés Manuel y José Antonio mostraron sensatez al posponer la apertura de su gira para el Domingo de Pascua o Resurrección, sin embargo Margarita y Ricardo no se aguantaron las ganas de dar luz verde a sus ansias novilleras, pero hoy ni quien se acuerde de sus mensajes.

Aun así iniciar una campaña el domingo de Semana Santa es también una tontería, apenas en México se les ocurre a las autoridades electorales fijar estas fechas de arranque tan inoportunas.

A lo anterior hay que agregar el enredo que hizo el INE con los candidatos independientes, quienes finalmente fueron eliminados salvo Margarita Zavala, quien dicho sea de paso a toda luces ha contado con la bendición del régimen en turno.

Lo cierto es que se habría visto peor si los dueños de los comicios -léase directivos del INE- hubieran cancelado el registro de la única mujer mexicana que aparecerá en esta ocasión en las boletas de la elección presidencial.

Además de lo anterior el INE aprobó a última hora las candidaturas del resto de los contendientes, es decir del trío compuesto por López Obrador, Anaya y Meade, cuyo registro ocurrió hace ya varias semanas.

No entendemos porque dejar al final tales decisiones, en este caso no había elementos para negar alguno de los registros, ¿pero imagina usted el San Quintín que se hubiera armado si de último momento y por alguna razón de peso se rechaza a una de las tres coaliciones cuando estamos a tres meses de la elección presidencial?

Simultáneamente se dio inicio al huracán de spots publicitarios que durante estos noventa días inundarán la radio y la televisión mexicanas, bajo un mañoso acuerdo de los partidos con las autoridades federales.

Son más de veinte millones de anuncios que los mexicanos tendremos que aguantar si queremos seguir en los medios. En lo personal le recomendamos en protesta cambiar de canal de televisión o de estación de radio cada vez que aparezca un chorizo de spots partidistas.

Mejor todavía si apaga su aparato y se pone a platicar con los suyos o a leer una buena novela. No tenemos por qué aguantar tal denigración cívica, ¿quién diablos son los partidos y sus candidatos para ser promovidos como si fueran los reyes del universo?

Francamente extraña que a estas alturas los concesionarios de la radio y la televisión mantengan cerrado la boca en lugar de emprender una sólida defensa en favor de un mejor contenido de los mensajes que difunden. Caray, una cosa es el tiempo oficial para promover campañas de salud, educación o seguridad, y otra que inunden a México con mensajes electorales soeces y banales.

En fin, esperamos que conforme avancen las campañas escuchemos propuestas concretas y de valor que puedan ponerse en marcha a partir del 1 de diciembre.

Se requieren cambios profundos en México para combatir la inseguridad, la corrupción, la pobreza y la impunidad, entre tantos otros lastres. Para ello necesitamos ideas, planes y proyectos brillantes, basta ya de ataques y descalificaciones que no llevan a ningún lado.

Noticias, noticias…
A decir verdad fue José Antonio Meade, el candidato del PRI que no es priista, el único en presentar una lista de compromisos al inicio de su campaña en Mérida, Yucatán. Nada que no haya dicho, pero al menos presentó planes para las mujeres, educación, salud, jóvenes, desigualdad, seguridad social y desarrollo social. Ayer en Hermosillo abundó en varias de sus promesas especialmente en el tema de combatir la delincuencia organizada. Pero se equivocó al culpar a los gobiernos del PAN y del PRD por el repunte de la violencia en México. ¿Acaso la inseguridad en los estados de Tamaulipas, Sinaloa, Jalisco y Guerrero, gobernados por el PRI, no cuenta para Pepe Meade?

José Santiago Healy
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