La cúpula empresarial mexicana inició esta semana una ofensiva abierta para desalentar el voto a favor de Morena y de Andrés Manuel López Obrador, al menos entre el personal de sus negocios.

Sin embargo, la estrategia parece ser tardía y un tanto desarticulada.

Varios propietarios y dirigentes de sólidos grupos económicos han enviado mensajes por escrito o verbales a sus empleados en donde los invitan a razonar su voto y a no creer las promesas populistas.

Uno de las misivas más comentadas fue la del presidente del Grupo México, Germán Larrea, quien advirtió sobre los riesgo de un modelo populista y exhortó a sus 50 mil trabajadores a salir “… a votar libremente, a votar con inteligencia y no con el enojo que hoy todos compartimos”.

El líder de la mayor empresa minera mexicana aprovechó para desmentir que las concesiones otorgadas a su grupo han sido producto de compadrazgos o corrupción “como afirma injustamente el candidato de Morena en referencia al régimen concesionado”.

A su vez Alberto Bailleres, máximo dirigente del grupo Bal, promueve desde hace días una campaña para desmotivar a su personal a votar por el candidato presidencial López Obrador.

A diferencia de Larrea, el poderoso empresario no envió una carta a su personal sino que ha organizado reuniones de unos 40 minutos con directivos y empleados de sus empresas para pedirles directamente que voten por el candidato con mayores posibilidades a derrotar a Morena.

Han trascendido otros casos de dirigentes privados que emprendieron campañas para evitar que AMLO llegue al poder ante el temor de conducir al país al socialismo o a una economía estatista como ocurrió en tiempos de Luis Echeverría y José López Portillo.

Lamentablemente los efectos no parecen ser positivos, en primer lugar porque algunos de estos empresarios como Germán Larrea no cuentan con una buena reputación e imagen social.

Además estos mensajes llegan a un mes de las elecciones cuando las encuestas colocan al candidato presidencial de Morena muy por encima de sus contrincantes.

La encuesta publicada el miércoles en el periódico Reforma, en donde López Obrador registra un 52% de intención del voto contra 26% de Ricardo Anaya y 19% de José Antonio Meade, debió caer como un pesado ladrillo sobre los hombros de la cúpula privada.

Algunos recordarán que a mediados de marzo de 2006 se difundió a nivel nacional una carta dirigida al personal de las empresas Coppel de Sinaloa, en donde su dirigente Enrique Coppel Luken, conminaba abiertamente a votar por Felipe Calderón del Partido Acción Nacional.

Fue muy discutido aquel mensaje, sin embargo y a diferencia de los recientes, Enrique Coppel mencionó las cualidades de Calderón, de su esposa Margarita y su familia, sin denigrar a López Obrador aunque criticaba las políticas del PRD, entonces considerado un partido de izquierda.

Hoy en día, pues, los mensajes van en contra de la persona de López Obrador pero sin atreverse a pedir el voto para Anaya o Meade, tampoco destacar sus perfiles, lo que entonces no convence a quienes planean votar por Morena.

Para colmo, López Obrador aprovecha la recta para responder con declaraciones agresivas que convierte en un bumerang contra los voceros empresariales.

Cuando faltan treinta días para la elección se observa harto complicado frenar la ola AMLO, a estas alturas quizás ni un frente común de las coaliciones enemigas de Morena podría ser funcional y efectivo.

Algunas noticias…
Los productores y distribuidores de autos en México, agrupados en la AMIA y la AMDA, fustigaron la propuesta de José Antonio Meade de regularizar los autos ilegalmente introducidos, conocidos como “chocolate”. En una carta dirigida al titular de Hacienda, sostienen que “se trata de vehículos que no pagan impuestos, que su estancia en el país es ilegal, y son vehículos que tendrían que ser embargados por las autoridades federales o la estatal bajo los acuerdos de coordinación firmados entre ambos"… ¿Así o más claro, señor candidato?… Algo no concuerda en torno a la negativa de impedir las candidaturas a mexicanos con doble nacionalidad… Si legalmente se les permite tener dos nacionalidades, ¿por qué entonces prohibirles su participación en puestos de elección como ciudadanos de México?… En el extremo caso sería entendible prohibir las candidaturas a extranjeros naturalizados, pero no a quienes son mexicanos por nacimiento.