A menos de diez días de las elecciones, el panorama en México se complica y enrarece cada vez más en el ámbito social y no se diga en el político donde las coaliciones que contienden por la Presidencia han desatado una guerra sin cuartel.

El país arde por la inseguridad, la corrupción y el desenfreno de los criminales que ya no tienen límites en sus actividades, desde el narcotráfico y el secuestro pasando por el robo masivo de gasolina, de camiones, trenes y sin olvidar la ola de extorsión que sufren miles de negocios y particulares mexicanos.

En los últimos días se disparó la violencia en varios puntos de la República, especialmente en el centro del país: policías asesinados diariamente, criminales que no temen a la autoridad y ciudadanos que padecen inermes la inseguridad, es el pan de todos los días.

En esta etapa electoral también los políticos han resentido el “tsunami” de violencia que vive México: más de 140 candidatos de distintos partidos y para cargos diversos han sido asesinados en los últimos meses, situación inédita en el país.

Mientras, las autoridades duermen en aparente tranquilidad y ya poco se ocupan de los gigantescos problemas que asuelan a los mexicanos.

Pareciera que decidieron cerrar su oficina por dentro y esperar a que sea el próximo gobierno el que atienda las urgencias.

Si en 1994 el levantamiento de una comunidad indígena y el crimen de un candidato presidencial colocaron a México en una crisis nacional, hoy en día nada parece preocupar más allá de lo que ocurrirá el primero de julio cuando millones de mexicanos acudirán a las urnas para votar por los candidatos que ocuparan más de 3,300 puestos.

Esperamos que no estalle una nueva crisis en el país antes o después del día electoral y que los mexicanos podamos llegar en paz al primero de diciembre, aunque las dudas crecen ante tantos barruntos que enfrenta el gobierno de Peña Nieto, incluyendo el económico que no es poca cosa.

Hace seis años se vivió una espiral de violencia impresionante, sumaban más de cien mil muertos en el sexenio de Felipe Calderón, entonces la queja era por el exceso de autoridad por parte de policías y ejército.

En el actual sexenio ya se superó la amarga cifra del anterior régimen, pero se percibe la sensación de un terrible vacío de autoridad porque el crimen organizado rebasó tiempo atrás a los cuerpos de seguridad.

Bajo ese esquema es por demás explicable la tendencia electoral para el primero de julio en donde un candidato que podría considerarse independiente como López Obrador, lleva una cómoda y casi definitiva delantera.

Atrás le sigue un candidato que tuvo que recurrir a una singular alianza entre el PAN y el PRD para sobrevivir e intentar contener los embates de un sistema que consiguió dividir a los blanquiazules pero que no ha podido someterlos.

Enseguida viene el candidato idóneo para la Presidencia con amplia preparación académica, experiencia en el sector público, sin militancia partidista y aparentemente sin cola a ser pisada.

Pero muy pocos secundan la propuesta de Peña Nieto, los empresarios no compran la idea, tampoco las clases populares, vaya ni siquiera los priistas tradicionales vieron con buen ojo el “dedazo” peñista.

Se observa harto difícil que se produzca un pacto de última hora entre las coaliciones del PRI-PVEM-Panal con el PAN-PRD-MC lo que pudiera poner en jaque la victoria de López Obrador.

Todavía no se han emitido los votos ni tampoco se han contado, por lo mismo pueden suceder muchas cosas el primero de julio, incluyendo sorpresas como ocurrió en el triunfo del Brexit en Inglaterra o el de Donald Trump en los Estados Unidos.

Pase lo que pase el primero domingo de julio, lo urgente hoy y mañana será atacar los serios problemas que laceran a los mexicanos y no quedarnos pasivamente a esperar la llegada del primero de diciembre.

Sucedió en 1994 que los males se acumularon a lo largo del año y finalmente se produjo el controvertido “error de diciembre” que pudo evitarse o cuando menos manejado de mejor manera para impedir el tronido de la economía mexicana.

En otras palabras, no importa si gana AMLO, Meade o Anaya, una nueva crisis estallará en el país de no atacarse desde ahora los desequilibrios económicos y la inseguridad nacional.

Noticias finales…

Le tronó el cohete a Donald Trump con su insensible programa de separar a las familias de indocumentados y de encerrar en jaulas cercadas a menores de México y Centroamérica. 

Voces internas de senadores, empresas y asociaciones civiles, además de externas como la del Papa Francisco y del gobierno mexicano, orillaron al mandatario a dar marcha atrás en una más de sus fallidas políticas fronterizas.

Trump, criado en pañales de seda y bajo los lujos de una familia millonaria de Nueva York, no acaba de entender que no es lo mismo gobernar a una nación con una gran responsabilidad social a dirigir una empresa de hoteles y casinos.

José Santiago Healy

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