Señor Jesús, te pedimos acojas las almas de quienes han partido, víctimas del terrible terremoto del día 19. Recíbelos en Tu Reino, colma de gozo sus almas después de haber padecido terribles sufrimientos. Sostén a quienes se debaten en medio de las ruinas entre la vida y la muerte, guía a los sacrificados rescatistas para que puedan encontrarlos a tiempo, aún con vida. Consuela a tantas familias que han perdido a sus seres queridos, sus hogares, sus posesiones. Ayúdanos a todos a ser más solidarios.

Siempre, ante las tragedias, no nos queda más remedio que confesar: no entendemos. ¿Cómo nos atormenta la pregunta por el “por qué”?, más angustiosa se torna al personalizarse: ¿por qué a mí? Sabemos que no encontraremos una respuesta en esta vida. Nos consuela saber que Tú sabes más, y que en la otra vida lo comprenderemos todo. Pero ahora no entendemos. No hace falta. Sabemos, sin embargo, que no nos dejas solos, que nos prestas la fortaleza para seguir adelante. Sabemos también que tú sabes sacar, de los grandes males, bienes aún mayores, aunque a veces, lo reconozco, no me doy cuenta o no me lo parezca así.

De entre las cosas que podemos agradecerte, en medio de tanto dolor, es descubrir, casi por maravilla que, en el fondo, no somos tan malos. El espectáculo impresionante de la espontánea solidaridad y organización de toda la sociedad no dejan mentir. Por un momento muchos mexicanos han dejado de ir a lo suyo, a sus propios intereses, y han hecho de interés por los demás una opción que merece el sacrificio, en muchos casos hasta la heroicidad. Personas que espontáneamente, sin que nadie se los pida ni se los exija, se han sometido a jornadas extenuantes de trabajos, con la ilusión de salvar aunque sea una vida. Personas que han dado su tiempo, su dinero, han compartido comida, alimentos, medicina, acogido, abierto las puertas de su hogar a los damnificados. Personas, en fin, que se han jugado su integridad física –los famosos “topos”- para salvar al hermano.

¡Qué consuelo ver por los medios de comunicación y las redes sociales que ha valido la pena el esfuerzo!, ¡qué alegría descubrir como, por milagro, unos rescatistas sacan de entre un mar de piedra a un indefenso bebé que apenas respira!

El milagro de la vida se hizo posible por el milagro de la generosidad, del sacrificio, de la esperanza. Sólo por esa vida ha valido la pena toda esa imponente movilización, y gracias a Ti Señor, no ha sido la única.

En efecto, por un misterioso sino de nuestra idiosincrasia damos nuestra mejor cara cuando estamos sufriendo. El sufrimiento nos une, nos ayuda a descubrirnos como hermanos, nos lleva a dar lo mejor de nosotros. Descubrimos el material del que estamos hechos, las grandes aspiraciones, los grandes anhelos del corazón, nuestro potencial insospechado. Un capital de generosidad tantas veces inexplotado, empolvado, quizá olvidado, que se reactiva maravillosamente cuando alguien, la sociedad entera, lo necesita a nuestro alrededor. Y es maravilloso ver cómo esa actitud es contagiosa, el deseo de compartir, de ayudar, de paliar el sufrimiento del prójimo. Te pedimos Señor, que por un milagro aún mayor, esa actitud no decaiga. Que descubramos, maravillados, que esto que estamos siendo en estos días trágicos podemos serlo siempre, pues, si así fuese, se transfiguraría el rostro, ahora doliente, de nuestra Patria.

Debemos también Señor pedirte, junto a las gracias por tanto heroísmo y a la ayuda para que sea eficaz y se mantenga, cuando ya no tengamos fresco el recuerdo del bambolear de la tierra, pedirte perdón. Aunque pocos, no han faltado quienes quieran aprovecharse de la dolorosa situación, de la confusión reinante. Te pedimos Señor que toques su corazón indiferente a la desgracia ajena, pues causan más pena que aquellos que sin culpa de su parte sufren en su propia carne. La ceguera espiritual es muy dolorosa. Te pedimos también por los que no han sabido solidarizarse, y han continuado pendientes solo de sus propios intereses, remedia su miopía espiritual. Te pedimos Señor, en fin, que nos hagas resurgir de la tragedia, más unidos, más fuertes, más conscientes de que formamos parte de una gran nación, que en medio de experiencias dolorosas y trágicas como la de estos días, en realidad parece una gran familia. Te lo pedimos por intercesión de nuestra querida Madre, la Virgen de Guadalupe.

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PENSAR EN CRISTIANO

P. Mario Arroyo
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