1) Para saber

En esta Cuaresma, hace unos días, el Papa Francisco reflexionando sobre unas palabras del profeta Isaías, nos invitaba a que busquemos el rostro de Dios, busquemos la alegría de estar con Él.

Ciertamente recibimos muchas gracias y favores de Dios, pero no podemos detenernos ahí. Esas gracias nos han de llevar al Señor. Si una persona recibe un regalo, ha de agradecer y llevarle a estimar y amar más a esa persona. El regalo no sustituye a la persona. Malo se haría si nos dirigiéramos solo al regalo y nos olvidáramos del donante. La persona es más importante que cualquier regalo. Pues con Dios sucede lo mismo. Las gracias que recibimos, nos han de llevar a descubrir su rostro amable y misericordioso. Nos ha de llevar a sentir la alegría de estar con Él.

2) Para pensar
Había una vez un rey que tenía un gran castillo. Al pie del castillo estaba la escuela a la que iban todos los niños del reino.
Todos los viernes, al acabar la escuela, todos los niños tenían permiso para entrar al castillo y disfrutar de juegos y dulces. El rey quería mucho a los niños y cada viernes esperaba tras la cortina de su habitación ver llegar a los niños. Antes, por la mañana, había preparado todos los juegos y dulces.

Pero poco a poco el rey fue olvidado por los niños que no sabían de donde salían todo. Unos pensaban que era un castillo mágico, otros, que sus padres se encargaban. A pesar de ello, el rey seguía preparando el castillo para los niños.
Un año llegó una nueva familia con una hija al reino. La niña fue a la escuela y por primera vez entró al castillo. Se quedó extasiada. Vio que todos corrían hacia los dulces y tiraban las envolturas. Ella las recogió y las puso en un bote.

Encantada pidió a uno de los soldados saludar al dueño generoso. El soldado sorprendido la llevó a las estancias del rey. La niña llamó a la puerta y como no le contestaban decidió entrar. Se encontró una sala con una mesa y un gran banquete y al rey mirando por la ventana y pensando en voz alta: “…ahí está Fernando, ¡qué bien se lo pasa!
pero aún no le conozco... Y también está Juan, le falta venir a verme…”, y así con cada uno.

La niña carraspeó y dijo “¡Hola! soy Lety y quería darte muchas gracias por todo”. El rey se volteó y dijo: “¡Qué alegría me das al venir a saludarme, a jugar y a… ¡limpiar! Acompáñame a comer el gran banquete”. Una vez comido, la despidió: “Estoy para lo que quieras, te espero siempre y recuerda que te quiero”. Lety salió muy alegre, sobre todo porque se supo muy amada por el rey.

Con Dios pasa lo mismo, es el dueño de todo, nos pone un mundo para gozar de él, pero luego no lo saludamos, y nos quedamos en “los dulces”. Él nos ama y siempre nos está esperando.

El Papa Francisco nos invita a pensar: ¿Tengo deseos de estar con Dios? ¿Cómo es ese deseo? ¿Me conformo con el aperitivo cuando puedo ir al banquete?

3) Para vivir
Existe el peligro de detenernos en el “regalo”, hay cristianos que están atorados en las cosas de cada día, dice el Papa, y aunque son buenos, no crecen. Porque la fe es tener el deseo de encontrar a Dios, de estar con Él, de ser feliz con Él.
Concluyó el Papa invitándonos a cuidar nuestro deseo de Dios. Pensar en Dios que nos ama y así decirle siempre que sí con alegría.

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VIVIR EN CRISTIANO

Pbro. José Martínez Colín