Ayer, menos de una hora después del atropellamiento de una veintena de personas en Manhattan, la policía de NY informó: no fue un acto terrorista, el conductor del automóvil iba borracho, es alcohólico y drogadicto, y tiene antecedentes por manejar intoxicado.

Es notable la celeridad con que las autoridades de otros países y ciudades enteran a la población de lo que van averiguando sobre sucesos de alto impacto, y esto no sólo refleja transparencia y honra el derecho a la información, sino evita interpretaciones, incertidumbres y rumores.

Además, deja a la intemperie las habilidades o ineptitudes de los responsables de la seguridad pública.

El funesto incidente neoyorquino viene a cuento por el cuidado que en México se tiene para no revictimizar a nadie, dejando en el misterio los perfiles clave de quienes padecen agravios.

Por haber sido descrito como alcohólico, drogadicto y reincidente, ¿no acaso ese pobre diablo también es "víctima del sistema" y hasta de lo que hizo?

Lo bueno es que, sabiendo de quién se trata, entendimos enseguida lo que sucedió…

***

Carlos Marín