Suficiente preocupación generó ver (finales de enero por la noche) a Andrés Manuel López Obrador y su séquito varados pero sobre todo inermes cuando, en viaje hacia San Cristóbal, Chiapas, extorsionadores del poblado de Xotxotja poncharon las llantas de su camioneta, atenido el candidato a sus propios camaradas y reporteros, sin protección profesionalizada, como para saberlo volando en un vetusto avioncito (50 años de uso), como acaba de suceder.

Peor: Francisco Garduño documenta que la irregular o ilegal factura del falso taxi aéreo en que se trasladó al intrincado territorio del Nayar fue expedida, no por la dueña sino por la empresa del exdirector de Crédito de la Secretaría de Hacienda de Sonora, sujeto a proceso con amparo para no ser detenido bajo el cargo de haber desfalcado alrededor de mil millones de pesos en el gobierno del panista Guillermo Padrés.

Y lo más grave aún: la aeronave fue contratada por Alfonso Durazo, quien según AMLO será… su secretario de Seguridad.

El no "me ayudes compadre" aplica tarde, pero muy a tiempo…