Muerto el dictador, la reconciliación española empezó con el Pacto de la Moncloa.

Sin agravios ni rencores equiparables, las fuerzas políticas llegaron en 2012 al Pacto por México, que dio paso a reformas constitucionales clave, algunas ahora en jaque dado el empoderamiento de Morena en el Congreso federal.

Para lograr la cuarta transformación del país, López Obrador se propone reconciliar a los sectores enfrentados en los últimos años.

En rigor y por su significado, dejar atrás una pelea, retomando una amistad u otro vínculo que se encontraba interrumpido por una desavenencia.

Y ofrece acabar con lo que considera fuente de la violenta inseguridad: la corrupción, problema endémico en el servicio público, del que están afectadas amplias capas de la sociedad y en el que México tiene el sitio 135, entre 180 naciones, del Índice Global.

Para ello tiene la mesa puesta con las siete nuevas leyes en la materia que diputados y senadores han sido incapaces de ponerles cabeza.

Morenizado, el nuevo Congreso bien puede, en su primera semana de actividad en septiembre, nombrar al ansiado Fiscal General…