Quizá porque a Benito Juárez lo cuidó un grupito de militares (a Maximiliano un Gabinete Personal de Su Alteza), Andrés Manuel López Obrador necea con prescindir del Estado Mayor Presidencial.

Refleja un problema conceptual: suponer que es tan igual como los igualados que gobernará y que no debe cuidarse las espaldas porque, ha repetido, “el que nada debe nada teme”.

Parece ver al EMP como un ejército de guaruras.

Lo cierto es que se trata de un cuerpo técnico militar que vela por la seguridad personal del Presidente, su familia y su gabinete, pero también que aporta datos medulares de inteligencia y los insumos clave para la preservación del Estado.

No es un servicio al individuo que encabeza las instituciones nacionales. 

Como jefe de Gobierno AMLO tuvo del apoyo logístico de las gacelas que comandó Polimnia Romana.

Por dos o tres mil pesos hay dispuestos a matar y es copiosa la cifra de servidores públicos y políticos asesinados.

Que como aspirante jugara a que “el pueblo me cuida” pudiera entenderse, pero como Presidente de la República esa vacilada entrañaría una descomunal irresponsabilidad.