En 1985, a Manuel Bartlett se le pretendió implicar en el asesinato del agente de la DEA Enrique Camarena y, en 1988, de operar el “fraude” contra Cuauhtémoc Cárdenas con la dichosa “caída del sistema”.

Lo primero fue una demencial patraña (junto con el entonces secretario de Gobernación habrían participado el de la Defensa, el procurador general de la República y el gobernador de Jalisco), y lo segundo para nada decidió el triunfo de Carlos Salinas de Gortari, pues no se vota de manera electrónica sino acudiendo a las casillas distritales.

Miente Bartlett, eso sí, cuando ya fuera del PRI sostiene que hubo fraude y que las boletas se quemaron por acuerdo de Salinas y Diego Fernández de Cevallos, ya que por ley se destruyen pero se preservan, microfilmadas, en el Archivo General de la Nación.

Hoy, ante el anuncio de que dirigirá la CFE, se le quiere descalificar, pero con su experiencia en Gobernación y la SEP, y sobre todo con su exitosa gubernatura de Puebla, tiene atributos de sobra para el cargo que AMLO le asignó y que mal, muy mal, haría en echarse para atrás.