El interés de la opinión pública, la batalla retórica entre las distintas fuerzas políticas, se ha concentrado fuertemente en la elección para Presidente de la República, pero se ha olvidado la dimensión legislativa y esto constituye un grave error.

La elección por la silla del Poder Ejecutivo federal ha monopolizado toda nuestra capacidad analítica. Es un acto reflejo que emerge de nuestra tradición presidencialista, de los resabios de nuestra visión centralista, de nuestra todavía incipiente cultura democrática.

Si bien el Presidente -baluarte del Poder Ejecutivo- sigue gozando de una enorme fuerza en nuestro sistema político, lo cierto es que la lucha de los últimos 20 años en México ha sido por fortalecer y dotar de mayor autonomía a los otros dos poderes, el Judicial y el Legislativo, de forma tal que logremos un equilibrio adecuado que permita un funcionamiento eficaz del Estado. En las democracias modernas la tendencia es a generar contrapesos al Poder Ejecutivo, porque la excesiva concentración de funciones y decisiones en la institución presidencial, conduce a fenómenos de autoritarismo y reduce el alcance de la discusión pública en el abordaje de los grandes problemas nacionales.

En México, todo un conjunto de políticas públicas además de la autorización de los presupuestos de ingresos y egresos, el marco normativo que define las reglas para el funcionamiento de las instituciones, la revisión y aprobación de los integrantes de los órganos autónomos (Suprema Corte de Justicia, INE, INAI, CNDH, etc.) pasa, necesariamente, por los canales del Poder Legislativo.

De ahí la necesidad de discutir seriamente qué sucederá con el Congreso a partir de los escenarios que se derivan de las distintas encuestas. Como ya lo señalé en una pasada colaboración, todo apunta a que Morena -como producto de la inercia del voto por López Obrador- logrará una presencia relevante en las cámaras de Diputados y Senadores.

En la primera, la coalición conformada por Morena, Partido del Trabajo y Encuentro Social -de acuerdo con el estudio “La otra contienda: Preferencias para Diputados y Senadores” mayo 2018 de Consulta Mitosfky-, podría obtener hasta 298 diputados, una mayoría absoluta que le permitiría a esta coalición aprobar por sí sola todo un conjunto de leyes. Sin embargo, Juntos Haremos Historia quedaría lejos de lograr una mayoría calificada (334 diputados) que le permitiera reunir el número suficiente de votos en la cámara baja para reformar la Constitución, algo que requiere además de la aprobación de 17 legislaturas locales. Integralia Consultores estima que Morena y sus aliados, en el mejor de los casos, podrían obtener el control de no más de 10 congresos estatales. Todos los caminos, entonces, conducen a que el polo acuerpado en torno López Obrador tendrá, obligatoriamente, que negociar y construir consensos.

De acuerdo con el estudio de Mitofsky que ya hemos citado, el PRI podría obtener un número históricamente bajo de diputados (62), superado incluso por el Partido Encuentro Social que tendría 73 legisladores en el mejor escenario. El PRI, además, podría no ganar ninguna de las nueve gubernaturas en juego en la próxima elección, lo cual sería un golpe devastador para la moral de este partido, otrora el más poderoso del país. De consolidarse esta tendencia, nuestro sistema político se estaría orientando hacia un bipartidismo entre Morena y PAN obligando al PRI a emprender una reorganización a fondo de su programa y su andamiaje organizativo si es que quiere sobrevivir hacia los próximos años.

Estamos en el umbral de una reformulación profunda de la competencia política en México donde partidos como el PRD y el Verde Ecologista podrían entrar a una compleja fase para mantener su registro, mientras que otros como el Partido del Trabajo y Encuentro Social, se alzarían como nuevos referentes.

Tenemos que prestarle mayor atención a la conformación del Poder Legislativo. Desde que el PRI perdió la mayoría en el Congreso en 1997, hemos tenido un sistema de equilibrios y contrapesos que ha favorecido el debate y la construcción de consensos democráticos en el parlamento mexicano.

Desde esta perspectiva, querido lector, quisiera invitarte a estudiar con seriedad el perfil de los candidatos a legislador en tu circunscripción, para elegir a aquellos, no que griten más fuerte o que critiquen más al gobierno, que regalen más dinero o que prometan más bienes públicos sin decir de dónde obtendrán los recursos para ello; sino a aquellos que muestren contar con una buena trayectoria, experiencia y solidez moral y que mejor expresen el sentir ciudadano.

Nos merecemos congresos a la altura de los retos que enfrentamos. Para que esto sea posible, vayamos por un voto inteligente y razonado el 1 de julio.