Son varias las voces que advierten que el triunfo de López Obrador no está escrito en piedra y que existe todavía la posibilidad de un resultado electoral inesperado.

Estas voces se fundamentan en el alto nivel de rechazo que registran las encuestas (entre 40 y 50%) y el porcentaje significativo de indecisos que prevalece a estas alturas (20% en promedio). Lo anterior indica que no estamos conociendo por qué candidato y/o partido se van a inclinar prácticamente 7 de cada 10 mexicanos. El nivel de incertidumbre es muy alto.

La incertidumbre se refleja no sólo en las encuestas nacionales, sino también en las locales. Por sólo citar un ejemplo, en la más reciente de Alejandro Moreno del periódico El Financiero para la elección de gobernador en Guanajuato, todavía el 21% de los entrevistados manifiesta que puede cambiar su voto, otro 23% aún no decide y la tasa de rechazo fue de 31%. Hay un enorme margen para que el voto se mueva a favor de uno u otro candidato.

Las encuestas, querámoslo o no, además de brindar información útil para la toma de decisiones a los ciudadanos también contribuyen a modelar su comportamiento, pueden llegar a controlar el imaginario social. Un elector sometido permanentemente a la imagen de un candidato imbatible, terminará por votar por él de forma inercial.

El voto está sometido también a otras presiones. Un estudio realizado por el investigador Lászlo Barabási, de la Universidad de Notre-Dame, en Indiana, Estados Unidos, denominado “Los Bots y su influencia en la elección presidencial mexicana, desde una perspectiva de análisis de redes”, así lo confirma.

El análisis de un millón de cuentas en redes sociales, seleccionadas aleatoriamente, de seguidores de los candidatos permitió concluir que el 53% del contenido venía de cuentas robot (bots) y hallaron los siguientes patrones: las cuentas humanas tuitean en favor de Anaya y en contra de AMLO; las cuentas robot tuitean en favor del PRI; AMLO es quien más ha usado bots para inflar su cantidad de seguidores buscando crear una percepción de triunfo. Por otra parte, el PRI y Meade son quienes más han usado bots para viralizar sus mensajes, mientras que Ricardo Anaya es la principal víctima de ataques viralizados por bots. La ciber operación de bots se ha dedicado a difundir mensajes falsos y sistemáticos de apoyo a AMLO y de ataque a Ricardo Anaya.

El hallazgo más interesante del estudio es que al eliminar la conversación falsa creada por bots, la conversación viral es principalmente positiva para Ricardo Anaya y negativa para AMLO. Hay pruebas de que, en 2017, una cantidad importante de bots se sumó a la conversación en México para apoyar la candidatura de AMLO y minar las alianzas de la coalición Por México al Frente con otros actores sociales. Esto conecta con la denuncia del PAN en el tercer debate presidencial de que 70 mil bots provenientes de Rusia tumbaron el portal de Anaya para recabar apoyos.

Lo anterior reviste la mayor importancia en vista del peso que han adquirido las redes sociales en la conformación de opinión pública y en la definición de las tendencias electorales. Estamos ante un uso perverso de las tecnologías de la información para deformar los consensos y minar la credibilidad de ciertos actores políticos. La cosa está para un capítulo de Black Mirror.

Hay otro elemento que las encuestas no están recogiendo y que podría dar un vuelco a los comicios presidenciales del 1º de julio. Se trata de algo que queda fuera de toda posibilidad de medición estadística: hablo del voto corporativo, clientelar, producto de la capacidad del PRI para movilizar su poderoso aparato. Como ningún otro partido, el PRI cuenta con una vasta implantación territorial, con métodos eficaces de captación de sufragios utilizando un amplio arsenal de recursos: dinero público, programas sociales gubernamentales, el poder de sus gobernadores, el voto cautivo que proveen las organizaciones obreras, campesinas y populares afiliadas al tricolor.

La consultora Integralia identifica como un foco rojo la posibilidad de financiamiento ilegal para la compra, coacción e inhibición del voto lo que puede generar un alto grado de desconfianza respecto a la legalidad y legitimidad del proceso electoral. Otro operativo estilo Estado de México incendiaría al país.
Entre la indefinición y la volatilidad, los bots y la manipulación, el voto de los mexicanos se mueve en un terreno de muchísima incertidumbre.

Todavía pueden pasar muchas cosas, no se valen ni derrotas ni victorias anticipadas, tampoco actitudes arrogantes. Los comicios nos pueden tener reservada una sorpresa, este próximo 1º de julio saldrá a votar el México real.

Marco A. Paz Pellat
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