Durante más de cinco décadas se ha repetido por académicos, representantes de los diferentes niveles de gobierno y empresarios, las ventajas de localización de Sonora por su posición privilegiada y los 588 kms. de frontera norte con los Estados Unidos de América.

Con la firma del TLCAN se reforzó esta posición, en el que se auguraba un crecimiento económico, una mayor generación de empleos y la atracción de inversiones que detonarían la actividad económica. En planes de desarrollo de los diferentes gobiernos (federal y estatal) se privilegiaba la inversión extranjera y el establecimiento de plantas maquiladoras en el territorio del estado. Lo que se ha ofrecido a los inversionistas es la mano de obra barata y esta posición privilegiada.

En este momento, con la victoria de Donald Trump y la política económica que el próximo presidente de los EEUU planea implementar, en la cual uno de los ejes principales es salirse del TLCAN o renegociar los términos del mismo, con condiciones menos favorables para México, la deportación de millones de indocumentados y gravar con altos aranceles las importaciones a Estados Unidos es necesario plantearse ¿Qué hacer?

Independientemente de que la Ford indique que no se va a ir del país y que tiene pensado ampliar su producción a pesar de las amenazas del presidente electo de incrementar en un 35% los aranceles de los vehículos importados a Estados Unidos, persiste en la planta productiva de México y de los dirigentes de la política económico un desconcierto, una desazón, una incertidumbre acerca de ¿qué va a pasar si Donald Trump cumple las promesas de campaña?
Y eso es precisamente el problema, la dependencia de la economía mexicana y de la sonorense de la de los Estados Unidos que fue abonada durante más de estas cinco décadas, en las que se entró en lo que podemos llamar una zona de confort y se abandonaron de forma paulatina los propósitos de desarrollar una planta industrial nacional y de un crecimiento y desarrollo económico afianzado en las potencialidades locales y no en la ilusoria inversión extranjera.

El replanteamiento de los términos del TLCAN por Estados Unidos y Canadá, en las condiciones actuales de debilidad financiera y económica para México, es casi seguro que sería en condiciones más desfavorables, lo que agravaría la situación de desigualdad social y afectaría el crecimiento económico de por si exiguo.

El pasmo y la pasividad de la clase política de nuestro país es preocupante, ante la amenaza de deportación de cerca de 3 millones de indocumentados, las acciones de la Secretaría de Relaciones Exteriores parecen más un comunicado que políticas de protección y cuidado y eso que las remesas que envían los indocumentados a nuestro país se han convertido en la principal fuente de divisas para el país y esta deportación significaría no solo un enorme daño social sino también económico por las remesas que se dejarían de percibir y los connacionales que se deberán atender. Sólo para el estado de Sonora en cifras del INEGI (2016) en el 2015 los ingresos por remesas familiares alcanzaron los 101 millones de dólares.

De continuar la actual política económica algunos analistas como BlackRock pronostican un crecimiento económico para México del 1% para el próximo año, lo que agravaría aún más la severa crisis por la que atraviesa nuestro país desde hace varios años.

En el estado de Sonora, desde hace varios sexenios parte de la políticas públicas plasmadas en los planes de desarrollo económico se orientan a incentivar la inversión extranjera, el fomento a la instalación de plantas maquiladoras principalmente de Estados Unidos y la industria minera, la producción agroindustrial se exporta casi en su totalidad a los Estados Unidos, la exportación de más de 230,000 cabezas de ganado en pie a este país, habla de la dependencia y de la poca visión de los empresarios agrícolas y ganaderos, pues en más de 70 años, las exportaciones del sector primario no pasan por un proceso de transformación y se sigue exportando ganado en pie, cuando ya bajo el gobierno de Abelardo L. Rodríguez se realizaron intentos para exportar la carne sonorense en cortes finos.

Sin parecer simplistas, consideramos que la solución no es ceder más y en condiciones más desfavorables para México, no es con una mayor disminución a los salarios, a las pensiones y con una mayor entrega de la soberanía de nuestro país con los que se puede enfrentar los nuevos vientos de la economía mundial y del giro que podría dar la política económica de los Estados Unidos, no es con una política económica que posiciona de facto al empresario nacional como el último eslabón de la cadena productiva.

Se requiere una política económica orientada a fortalecer la planta productiva para el desarrollo de una industria nacional, reactivar el mercado interno, establecer organismos y mecanismos de largo plazo que no abandonen lo que ya se había logrado en materia económica con la entrada de un nuevo gobernante, sino continuar y fortalecer lo que había probado funcionar. Proteger, valorar y respetar los recursos naturales que posee México y no regarlos al mejor postor y sobre todo y antes que nada, acabar con la corrupción y con la danza de gobernantes que se apropian de los recursos públicos y lo único que dejan a su paso es una estela de destrucción, impunidad, deuda y pobreza a su paso.

María del Rosario Fátima Robles Robles
Profesor Investigador de la Universidad Estatal de Sonora
Doctora en Ciencias Sociales por el Colegio de Sonora