Dra. Ana Lucía Castro L*

El Colegio de Sonora ha tenido una y mil oportunidades para sentirse orgulloso. Pero sin duda, este mes de mayo nos ha regalado una de las más gratificantes. Realmente es grato escribir para anunciar, para cacaraquear el huevo dirían por ahí, que el Dr. Ignacio Almada Bay tomó posesión como miembro notable de la Academia Mexicana de la Historia. 

Por si Usted no lo sabía, esta academia es el espacio en el que han confluido, a lo largo de un siglo, los historiadores más destacados del país; muy dueños todos ellos de esta interesante perspectiva y a través de la cual han contribuido a reconstruir y rescatar el pasado para entender mejor nuestra identidad, nuestra cultura, nuestras luchas. Reconocernos en los aciertos y los desencuentros que como pobladores de este espacio llamado México hemos experimentado desde la época precolombina a la actualidad. 

Permítame el lector platicarle parte de esta particular historia. Desde el 8 de mayo, el Dr. Almada es formalmente integrante de este selecto grupo. Todo un honor para nuestra institución que haya sido propuesto para ocupar el sillón número 21 de los 30 que la conforman y que ocupaba el destacado investigador Israel Cavazos Garza. Para tener idea de lo que esto significa, digamos que a lo largo de su existencia, la Academia ha contado entre sus filas con personajes de la talla de Alfonso Caso, Álvaro Matute, Beatriz Ramírez de la Fuente, Manuel Ceballos Ramírez y Josefina Zoraida Vázquez. Asimismo en el correr de estos 100 años, se hicieron merecedores a un escaño (en el buen sentido de la palabra) investigadores como Atanasio G. Saravia, Jesús Reyes Heroles y Enrique Florescano todos ellos tan prolíficos que no hubo manera de esquivarlos en nuestro peregrinar por la universidad. Moisés González Navarro quien ayudó a los demógrafos a comprender el poblamiento de este país, también tuvo el privilegio de pasearse por los pasillos de su sede ubicada en la Plaza Carlos Pacheco de la Ciudad de México. 

Quizá nos resulten más familiares, por su relación con Sonora, el Dr. Fernando Ocaranza de quien sabemos ejerció como médico en Bácum y Guaymas y que merced a sus aportaciones en el campo de la salud, el Hospital del ISSSTE en Hermosillo lleva su nombre. Ocaranza ocupó el sillón 6 entre los años 1949 y 1965 por sus aportaciones a la historia de la medicina. Este mismo sitio, es decir el 6, perteneció desde 1978 hasta el año 2003 a otro investigador muy querido y respetado por estos rumbos: si, me refiero a Luis González y González, historiador del microespacio, fundador del Colegio de Michoacán y quien tuvo la suerte de casarse con la no menos ilustre escritora sonorense Armida de la Vara. Mención aparte merece la distinción que esta sociedad de investigadores dio en su momento a Francisco R. Almada quien ocupó el asiento 15 en el periodo 1963-1989.
Él nos dejó una linda herencia: el multicitado Diccionario de historia, geografía y biografía sonorense. Entre otros miembros quizá más conocidos y cercanos en el tiempo deberíamos mencionar a Enrique Krauze y sin duda, al carismático Jean Meyer. 

Ignacio, Nacho para los colegas, se suma a todos ellos producto de su larga trayectoria como maestro e investigador. Dicho de otra forma, para llegar al sillón 21, debió escribir libros y artículos, desempañarse en la docencia, dirigir tesis, ganar premios, escribir para la revista Nexos y ser rector del Colson entre otras muchas actividades. Médico de origen sucumbió a la tentación de desarrollar investigación en esa área desde una visión social, histórica por supuesto. Su interés por la política lo condujo, junto con otros colegas, a presentarnos una Historia Panorámica del Congreso del Estado de Sonora; en ocasiones se nos pierde, porque cuentan que escribe la biografía de Alvaro Obregón. En lo personal me gusta su libro Breve historia de Sonora, es un paseo por el tiempo escrito con un  estilo muy Almada: desenfadado pero bien que nos llena de información. 

Según nos enteramos sobre esta travesía, de sus sueños y sus recientes trabajos versó el amplió discurso que dictó al aceptar ocupar el Sillón 21, se trata de una designación intransferible y vitalicia… deseo que Ignacio la ocupe por muchos muchos años. 

* Profesora – Investigadora del Centro de Estudios en Salud y Sociedad de El Colegio de Sonora. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.