Por Cecilia Lorena Velarde Flores*

En la actualidad, nos encontramos inmersos en una crisis civilizatoria; el mundo se concentró en el crecimiento económico, la acumulación de capital, la urbanización, la expansión del mercado bajo el contexto de la globalización y, sin duda alguna, se lograron avances exponenciales en cuanto a tecnología, innovación y ciencia, que han dado como resultado el progreso y el desarrollo de la humanidad. Sin embargo, por otra parte, se han subestimado los problemas ambientales que dicho crecimiento implica, dejando de lado un elemento vital e insustituible: el medio natural.

Los problemas ambientales como la contaminación, la perdida de ecosistemas y biodiversidad, la desertificación, el cambio climático, entre otros, son una realidad evidente, en los que el ser humano ha contribuido en la aceleración de los procesos de deterioro, principalmente por prácticas insostenibles.

El que podamos comprender nuestra relación con la naturaleza garantiza una sensibilidad para tomar decisiones, adquirir compromisos y ejercer acciones que tengan por objetivo lograr el desarrollo sostenible, definido en el informe de Brundtland (1987) como: “Garantizar las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”. En tal sentido, el concepto de sostenibilidad puede concebirse como un proceso de sensibilización en relación a la manera en cómo se obtienen y se explotan los recursos, considerando que algunos son finitos y escasos, que la población mundial crece y en un futuro no alcanzará para abastecer las necesidades humanas y, sobre todo, valorar en qué condiciones se encontrarán los recursos para las presentes y las futuras generaciones, sí se continúan explotando de esta manera.

Una estrategia para contribuir al cuidado del medio ambiente es la educación ambiental, vista como un proceso de enseñanza-aprendizaje para desarrollar, fomentar y fortalecer conocimientos y valores individuales y colectivos, que tengan por objetivo reconciliar la relación del individuo con la naturaleza. El concientizar a las personas es una herramienta útil para que se involucren y perciban la gravedad del impacto que tiene la degradación del medio ambiente. Uno de los principales modos es que las personas adopten hábitos diarios para reducir su huella ecológica, tales como: la disminución del consumo de plástico, de agua y de energía eléctrica, utilizar lo indispensable el automóvil, prolongar la vida útil de los objetos, evitando comprar lo innecesario, así como promover el reciclaje, participar en campañas ambientales en la comunidad, tratando de involucrar a la mayor cantidad de personas posibles, reconociendo que las pequeñas acciones generan los grandes cambios.

Algo que es indudable, es que no se puede continuar con los mismos patrones de producción y consumo, y la educación enfocada en la sostenibilidad puede ser una respuesta, al menos parcial, a estos asuntos. El mundo se encuentra cada vez más deteriorado y los efectos del cambio climático se alcanzan a percibir. Según la SEMARNAT, algunas de las consecuencias del cambio climático, podrían ser: aumento de temperatura media superficial de entre 1.8 y 4° C, destrucción de los arrecifes de coral, reducción del hielo en el Ártico, estimándose que para 2030 y 2040 podría perder todo su hielo, riesgo de inundaciones por el incremento del nivel del mar, pérdidas de bosques tropicales, desastres naturales como sequias, tormentas, entre otros.

En una época coyuntural como la que hoy vivimos, no hay duda de la necesidad de un cambio de conciencia y la implementación de la educación ambiental para romper el pensamiento antropocéntrico (que concibe al ser humano como la especie prioritaria) e individualista. Asimismo, es indiscutible la agencia que tienen las instituciones, organismos y tomadores de decisiones a nivel municipal, estatal y federal para gestionar modelos de desarrollo sostenible que permitan establecer políticas públicas en miras del progreso y el bienestar. De la misma manera, esto conlleva a la responsabilidad social individual de hacer ciertos sacrificios, adoptar nuevas prácticas de consumo, reforzar valores que permitan restablecer el vínculo y lograr la armonía y el respeto hacia la naturaleza, es el lugar donde vivimos y vivirán las siguientes generaciones, hoy más que nunca necesitamos actuar.

*Estudiante del Doctorado en Ciencias Sociales de El Colegio de Sonora. Generación 2018-2021. Línea de Desarrollo, Sustentabilidad y Género.