Será que se acerca el fatídico quinto año que marca el ocaso del poder sexenal de los presidentes mexicanos —aunque en su caso eso se adelantó varios meses— o será que Enrique Peña Nieto está tan desesperado y se siente tan incomprendido, que su discurso de las últimas semanas recurre a frases de superación personal y un optimismo ramplón. Porque el Presidente insiste en negar la realidad, que evita y evade, como si estuviera convencido de que a fuerza de repetir frases y cosas positivas, que también existen, logrará eliminar todos los problemas y situaciones negativas que acontecen en el país que gobierna y que perciben la mayoría de sus gobernados.

Como asesorado por gurús de las filosofías de superación, Peña elimina de su óptica, y por tanto de su discurso, los enormes contrastes que existen en un país como México, donde ciertamente hay miles de cosas y situaciones positivas todos los días -atribuibles más al valor y esfuerzo de su gente, sus tradiciones y su cultura que a la labor de sus gobernantes- pero al mismo tiempo subsisten realidades dolorosamente negativas: la pobreza, la enorme desigualdad social, migración, inseguridad y violencia descarnada que padecen muchos mexicanos. Es como si en una nación claramente de blancos y negros, el Presidente quisiera instituir el “rosa” como color oficial para observar y comentar la realidad.

Desde su último Informe de Gobierno, con la campaña de “las cosas buenas no se cuentan, pero cuentan mucho”, el mandatario abrió una línea discursiva a la que recurren mandatarios en algún punto de su ejercicio cuando sienten que la sociedad no los comprende y no valora sus “buenas acciones”. De ahí vino la ya célebre frase de que ni él “ni ningún otro presidente, creo que se levanten pensando en cómo joder a México”, que desató toda clase de críticas, comentarios y reacciones. Y a esa lista ahora se suma la expresión de no ver sólo “los prietitos en el arroz”, que Peña Nieto estrenó en Cartagena, Colombia, en plena Cumbre Iberoamericana, para quejarse de que sólo se conocían los puntos negativos de su reforma educativa, pero no así “los avances positivos” que se están logrando.

Luego repitió esa misma expresión el lunes en el Estado de México, al hablar de la realización, un día antes, del Gran Premio de México, que calificó como ejemplo de cosas positivas que suceden y que deben proyectar la imagen del país. “Hay que significarnos con las buenas noticias. A veces las malas noticias son las que proyectan a México, a veces esos “prietitos” que pasan en todas partes del mundo son los que dan motivo para que se hable de México”.

Es muy entendible el papel de un presidente, de cualquier país, de tratar de infundir esperanza y optimismo a sus gobernados; pero ese objetivo es más fácil y realista cuando su administración tiene logros concretos y tangibles, perceptibles para la mayoría de la población en beneficios que sustenten el mensaje. Pero sí el optimismo presidencial difiere de la realidad que viven diariamente sus gobernados, como en el caso mexicano, entonces más que una loable y justificada tarea del gobernante se está ante una ceguera tan extraña y repentina como la del Ensayo de Saramago, que aquí afecta al presidente Peña y a su grupo incondicional de colaboradores.

Esa ceguera a veces raya en la necedad y sustracción de la realidad, los hace ver sólo las cosas positivas, que si bien reales e importantes, no eliminan de facto a los graves problemas y las dolorosas realidades que viven diariamente la mayoría de mexicanos. Pero eso no lo quiere ver el Presidente, que tampoco se digna en hablar de ellas y reconocerlas.

NOTAS INDISCRETAS…
Ante señales aún confusas en el Estado de México para la selección del candidato priísta, las encuestas internas apuntan a que sólo quedan dos aspirantes viables para la nominación y el resto ya fueron descartados o son de plano ocurrencias. Y de entre los dos que se mencionan una ya acudió ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) a registrar su nombre como marca: Ana Lilia Herrera Anzaldo. ¿Se prepara la senadora para la campaña?.. El llamado del Congreso a prohibir “narcoseries” en televisión ya hizo efecto con peticiones de la Secretaría de Gobernación para que Televisa saque del aire “La Reina del Sur” y TV Azteca “Rosario Tijeras”. La televisora del Ajusco niega que su producción, basada en una novela colombiana, pueda definirse como una “narcoserie” y señala que es un relato que muestra “la historia de una víctima que se defiende” y busca evitar volver a ser maltratada por los narcos. “Es una historia sobre el empoderamiento de la mujer que muestra a mujeres que rompen el estereotipo de sumisión promovido por otras televisoras”, dice un vocero de Azteca que apunta a presiones de la televisora de San Ángel para afectar a su producción… Capicúa de los dados. Repetimos el tiro.

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