En un cierre complicado que anticipaba anoche la derrota de la demócrata Hillary Clinton, los estados clave de Florida, Ohio y North Carolina daban una ventaja casi segura al republicano Donald Trump, que se alzaría con el triunfo en los colegios electorales con 274 votos, mientras que en el voto popular se esperaba una diferencia menor a un punto entre los dos candidatos. Y mientras los análisis apuntaban ya a la victoria de la “América Blanca”, de trabajadores afectados por el desempleo que compraron el discurso nacionalista de Trump, el voto latino y el apoyo del establishment no le alcanzaron a Hillary, y junto con ella el peso mexicano era anoche el gran perdedor, al llegar hasta los 20.55 por dólar, con pronósticos de seguir cayendo hasta los 23 pesos al confirmarse el triunfo del candidato republicano.

En México el desánimo y el pesimismo se percibía anoche en los medios y en las redes sociales, que presenciaban con estupor y, en contra las últimas encuestas, el virtual triunfo de Donald Trump. Y en Los Pinos parecían colocarse del lado del ganador republicano al confirmar que el repetido discurso del presidente Peña Nieto y de su gabinete —que dijeron una y otra vez que Trump podía ser “el próximo presidente de Estados Unidos”— finalmente tuvo razón. Y en la casa presidencial se aprestaban a defender, en su discurso y su estrategia política, las dos líneas que siempre sostuvieron, a contracorriente y bajo repudio de la mayoría de los mexicanos: que aquella controversial visita, que tanto irritó e indignó a la sociedad mexicana, finalmente tuvo un sentido y que el “blindaje” anunciado por la Secretaría de Hacienda para la economía nacional estará a prueba ante las “amenazas” nacionalistas y proteccionistas de la presidencia de Trump.

La gran incógnita ahora, mientras vemos derrumbarse al peso, que anoche era la moneda más golpeada por el resultado electoral en Estados Unidos, es qué viene para los mexicanos radicados en Estados Unidos, especialmente para los indocumentados que serían el primer blanco del racismo y la política antinmigrante y antimexicana de Donald Trump. ¿Cuántos millones de mexicanos, de los 34.6 que actualmente viven y radican en el vecino país, podrían ser detenidos y deportados en los próximos meses y qué pasará si todos ellos se ven obligados a regresar de golpe a territorio mexicano? ¿Cómo hará la sociedad y la economía mexicana para absorber a esa repentina fuerza de trabajo que llegaría por millones a sumarse al desempleo y de qué van a sobrevivir miles de familias y municipios enteros cuyo principal ingreso son las remesas de más de 5 mil 700 millones de dólares anuales que provienen de los migrantes que podrían ser deportados?

Dice el secretario de Hacienda, José Antonio Meade, que “estamos preparados” para enfrentar un gobierno encabezado por un demagogo y desquiciado candidato, ahora presidente, que atizó los sentimientos más nacionalistas y proteccionistas de una mayoría blanca en Estados Unidos que se ha visto afectada por el desempleo que provocan las nuevas tecnologías y la globalización. Pero con una producción petrolera en sus niveles más bajos de la historia, con una economía fuertemente endeudada y un presupuesto recesivo para 2017, no se ve cómo, más allá del discurso oficial, podamos enfrentar un retorno masivo de migrantes, un freno militar a la migración y una modificación radical del Tratado de Libre Comercio que afectaría gravemente a las exportaciones mexicanas y con ello a empresas y productores nacionales que hoy dependen de ese acuerdo comercial.

Anoche, en medio de un panorama que luce desolador, había silencio desde la Presidencia de la República, que hoy estaría tentada a lanzar un posible “¡Se los dije!” para justificar el discurso y las acciones que tanto se le cuestionaron al Presidente con la visita de Trump. Y mientras, el que saltó rápidamente a la palestra de las redes sociales fue Andrés Manuel López Obrador, quien en un intento de montarse en la ola populista y nacionalista que anoche se impuso en Estados Unidos, lanzó un mensaje que pretendió tranquilizar a los mexicanos: “No hay motivo de preocupación con el resultado de las elecciones en Estados Unidos, no hay que olvidar que México es un país libre, independiente y soberano”, señaló el aspirante presidencial de Morena, que llamaba a la “unidad” de los mexicanos y consideraba “un error de la mafia del poder haber tomado partido”.

Hoy los números finales de la elección confirmarían varias cosas: que Donald Trump ganó con el voto ciudadano de los estadounidenses que cuestionaron el actual modelo de desarrollo económico de su país —y el de buena parte del mundo—, que Hillary Clinton, con todo el apoyo del establishment, no pudo convencer a la mayoría de estadounidenses ni al voto joven de Bernie Sanders, ni tampoco a la mayoría de los latinos. Y que en México, paradójicamente, mientras el peso está en la lona y con él el ánimo de muchos mexicanos, en la casa presidencial sienten que también ganaron.

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