La oposición férrea y consistente en materia política tradicionalmente rinde buenos dividendos.
A López Obrador le funcionó de maravilla mantener su crítica dura y en ocasiones radical en contra de los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

Lo mismo ocurrió tiempo atrás con Vicente Fox, quien como gobernador de Guanajuato y antes como diputado federal, fue un mordaz crítico de la dictadura priista que finalmente terminó por derrotar en las urnas en julio del año 2000.

Años anteriores hubo también opositores valientes y visionarios que lograron notables frutos, aunque sin llegar a ocupar la Presidencia de la República.

Destaca entre ellos Manuel J, Clouthier, líder empresarial de sólidas convicciones, quien llegó a candidato presidencial por el PAN en las elecciones de 1988.

Quedó en tercer lugar, pero mantuvo posteriormente un firme liderazgo que seguramente lo habría llevado a Los Pinos en 1994 o en el 2000 de no haber ocurrido su inesperada muerte.

Otro popular político de la oposición fue Cuauhtémoc Cárdenas a quien se le atribuye haber ganado la presidencia en 1988, pero el régimen en turno se la arrebató a través de la famosa “caída del sistema”.

No obstante la derrota, Cárdenas emprendió una posición dura y perseverante durante muchos años hasta alcanzar en 1997 la jefatura de gobierno de la Ciudad de México, en su momento significó el primer gran triunfo electoral de la izquierda mexicana.

Fundó el Partido de la Revolución Democrática y corrió tres veces para la Presidencia de la República. Se considera uno de los principales contrapesos del poder que lograron romper la hegemonía del PRI para instaurar el nuevo sistema democrático que hoy vivimos.

Gracias al desempeño de estos adalides políticos, México logró transitar del autoritarismo a la pluralidad y a la alternancia en el poder.

Lamentablemente la democracia mexicana no ha conseguido superar otros graves problemas como la pobreza, la alta criminalidad y la corrupción, pero al menos ha quedado atrás el sistema represivo que paralizaba libertades fundamentales, entre ellas la política y la de expresión.
Viene esto a cuento porque hace seis meses arribó al poder uno de los rivales acérrimos de los recientes presidentes y sus respectivos partidos.

Andrés Manuel López Obrador no dejó títere con cabeza a lo largo de sus doce años de aspirante presidencial. Incluso antes como luchador social en Tabasco y en la ciudad de México, el hoy primer mandatario fue mordaz, incisivo y en muchas ocasiones radical en sus posturas.

Sin embargo, hoy en día y luego de observar a un gobierno centralista, errático, autoritario y poco eficiente, no vemos por ningún lado al o los opositores que se conviertan en los útiles y necesarios contrapesos del nuevo régimen.

Es cierto, destaca la crítica libre en algunos medios de comunicación, también los señalamientos abiertos e incluso viscerales en las redes sociales, pero no se observan contrapesos efectivos al interior del Congreso, las gubernaturas como tampoco en los partidos políticos.

Algunas cámaras privadas como la Coparmex, en voz de su líder Gustavo de Hoyos están haciendo lo suyo, pero de manera aislada y sin el aparente respaldo del resto de los dirigentes de la iniciativa privada.
A nivel personal hay quienes realizan su lucha con poca credibilidad como Diego Fernández de Cevallos y el mismo Vicente Fox, pero ¿dónde están hoy cuando más se necesitan los ex candidatos presidenciales Ricardo Anaya y José Antonio Meade?

¿Qué pasa con los gobernadores Enrique Alfaro y Javier Corral, y con Claudio X. González y María Amparo Casar, entre otros activistas?

¿Dónde están los jóvenes políticos opositores al gobierno que serán los dirigentes del futuro? ¿Vamos a sufrir un sexenio sin contrapesos que permita al régimen hacer y deshacer a su antojo?

¿Quién será pues la piedra en el zapato de Andrés Manuel López Obrador que ayude a construir un mejor país y una democracia avanzada?


Noticia final…
Mientras en Baja California le hicieron el “fuchi” a la empresa Constellation Brand, en Sonora la recibieron con alfombra roja y hoy en día construye en Ciudad Obregón una gigantesca planta cervecera que permitirá crear 3 mil empleos directos. Constellation Brand es la empresa número tres en Estados Unidos y comercializa las populares marcas Corona, Modelo y Pacífico, entre otras.