¿Hablar de ‘tú’ con Dios?

1) Para saber

En una clase de doctrina, la profesora invitaba a las niñas a que le hablaran a Dios sobre lo que trajeran en su corazón. Entonces una niña preguntó: “Y cuando rezo a Dios, ¿le puedo decir “papá” o tengo que hablarle de “usted”?

Jesús nos revela que podemos llamarle papá a Dios. San Pablo afirma: “No recibisteis un espíritu de esclavos para recaer en el temor, antes bien, recibisteis un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace exclamar: “¡Abbá, Padre!” (Rom 8.15). La palabra “Abbá” significa “papá” y está en lengua aramea, que es la que hablaba

Jesús, por lo que se puede afirmar que la pronunció exactamente así.

Continuando las catequesis sobre el “Padre nuestro”, comenta el Papa Francisco que la novedad del Evangelio está en el modo nuevo de tratar a Dios. Ahora sin ningún miedo, podemos hablarle con la confianza de un hijo.

2) Para pensar
Hace años un profesor de Teología llamado Ramón García de Haro tuvo la oportunidad de cenar con el Papa Juan Pablo II. Hablaron de la crisis del hombre del día de hoy. Y en un momento de silencio oyó que el Papa decía en voz baja, hablando consigo mismo o quizá hablando con Dios: “La tragedia del hombre actual es que se ha olvidado de quién es”.

En verdad es una gran tragedia perder de vista haber sido llamados a ser hijos de Dios, imagen de su Hijo. Olvidar que somos hijos de Dios es olvidar nuestra más alta dignidad. Pensemos si solemos considerar nuestra filiación divina.

3) Para vivir
Cuando decimos “Padre nuestro”, con el corazón estamos invitados a decir “Papá”, a tener una relación con Dios como la de un niño con su papá. Esta expresión, dice el Papa Francisco, evoca afecto, intimidad, calidez, algo que nos proyecta a la infancia: la imagen de un niño envuelta en el abrazo de un padre que siente una infinita ternura por él. Por eso, para rezar bien hay que llegar a tener un corazón de niño. No un corazón autosuficiente, sino como un niño en brazos de su padre, de su papá.

Comprenderemos mejor lo que significa que Dios sea nuestro Padre con las enseñanzas de Jesús. Por ejemplo, en la parábola del hijo pródigo descubrimos que el padre es pura misericordia al perdonarle todo y darle un abrazo amoroso. Es un padre que es solo amor, nada de odio o venganza. Un padre que tiene algo que recuerda mucho el alma de una madre. Una madre que siempre excusa a su hijo, que lo sigue queriendo, incluso cuando ya no se merece nada. Por eso Dios no solo es un padre, es como una madre que nunca deja de amar a su hijo.

El Papa Francisco nos recuerda: “Dios vislumbra en ti una belleza, aunque pienses que has desperdiciado todos tus talentos en vano”. Aunque caminemos por sendas alejadas de Dios, como le pasó al hijo pródigo; o experimentemos una soledad que nos haga sentirnos abandonados en el mundo; o que nos equivoquemos y estemos paralizados por un sentimiento de amargura y culpabilidad.. En esos momentos difíciles, nos aconseja el Papa, “dile ‘Padre’, ‘Papá’ y Él te contestará. ¡Tú tienes un Padre que te ama!” Aunque no lo busquemos Él nos busca, aunque nos olvidemos de Él, nos sigue amando. Nunca os olvidéis de decir “Padre”.

Pbro. José Martínez Colín
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