El mejor trabajo periodístico es el que no admite desmentido y ante una mentada de madre conviene checar la fuente, no vaya a ser una volada.

Estas aseveraciones las tomo como axiomas y aplican en el bochornoso caso de la nota principal de ayer en Reforma sobre un departamento de la Secretaria de Gobernación, su declaración patrimonial y la versión expuesta al público.

La escandalosa pero chafa “revelación” fue titulada: Omite penthouse titular de la Segob y arriba: No declara Sánchez Cordero departamento de 11 millones en Houston.

Pocas horas después de circular la edición impresa, quedó claro que la nota era falsa porque la señora no omitió lo que resultó ser una copropiedad y que su implicación en el inmueble fue debidamente declarada.

Estirando mucho la liga, lo discutiblemente “periodístico” sería que, en la versión pública de la declaración patrimonial de Olga Sánchez Cordero no aparece el departamento que la exministra y su marido (el notario Eduardo García Villegas) poseen en aquella ciudad.

La única consecuencia de publicar algo así habría sido lo que aclaró de manera diáfana la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval: el esposo de la titular de Gobernación no trabaja en o para el Gobierno (no es un servidor público) y sus datos personales están protegidos por la ley.

Los detalles confusos que precedieron a la pulverización de la perfidia son lo de menos (que si la aludida pidió que el departamento figurara en la versión pública, que esto lo ignorara la titular de la Función Pública, que debía ser una solicitud de puño y letra…).

El hecho es que la copropiedad consta en la declaración patrimonial, o sea que Olga Sánchez Cordero no fue omisa.

Con los datos que el reportero tenía omitió, él sí, lo procedente: preguntar en la Segob.

Agua del propio chocolate

El incidente se da en aires cada vez más envenenados por personas e instituciones oficiales y civiles afectadas de persecucionitis: abominables remedos de los robespierreanos y criminales comités de salud pública que durante la Revolución Francesa montaron el cotidiano espectáculo de la guillotina en lo que, para intentar lavar la sangre, fue bautizada como Plaza de la Concordia.

Lo hecho por Reforma no pasa de ser un insidioso disparate, pero lo delicado es que se inscribe en el purificador sospechosismo que se alienta desde la Presidencia de la República, cuyo titular ayer mismo rafagueó sobre la nota:

“Hay que aceptarlo y respetar la labor del conservadurismo y de la prensa fifí. No es improductiva, al contrario, ayuda mucho, ya sabemos que no nos ven con buenos ojos, pero nosotros tenemos que dar respuesta a todos los cuestionamientos, aunque vengan del conservadurismo y de los que se callaron como momias durante el periodo neoliberal…”.

Y se fue sobre Salinas, como en los últimos días contra los otros ex y contra todos quienes se muevan para la foto prístina de su 4-T…