Mientras el expresidente Enrique Peña Nieto se pasea plácidamente por Madrid, presumiendo a su nueva novia o juega golf tranquilamente en el club de su casa de Ixtapan de la Sal, inmune y a salvo de cualquier ataque o cuestionamiento de su sucesor en el poder, a los otros expresidentes, desde Carlos Salinas, Ernesto Zedillo y marcadamente a los panistas Vicente Fox y Felipe Calderón, no hay día en que el presidente Andrés Manuel López Obrador no les dedique una mención negativa en sus conferencias mañaneras, un dardo envenenado y, las más de las veces, acusaciones directas de corrupción y actos deshonestos cometidos durante sus gobiernos.

Algo tiene Peña Nieto que, a pesar de ser su antecesor inmediato y el referente más claro en la opinión de los mexicanos cuando se habla de corrupción y dispendio en el ejercicio del poder, López Obrador nunca lo menciona directamente y menos lo acusa con la misma claridad y dureza que a los otros expresidentes. Pareciera como si el presidente evitara señalarlo o culparlo, aun cuando en muchas ocasiones hace referencia a temas de corrupción del sexenio anterior y a errores del gobierno peñista, pero nunca a la persona del expresidente.

Ni siquiera cuando canceló el nuevo aeropuerto de Texcoco, la obra cumbre de su gobierno, cuando echó abajo la reforma educativa o cuando ha cuestionado una y otra vez "la burla" que según él fue la reforma energética; vaya ni cuando mandó a Estados Unidos el lujoso avión presidencial que se estrenó en el sexenio pasado y puso a la venta las lujosas camionetas blindadas en las que se movía el exmandatario, el nombre de Peña Nieto no fue mencionado ni por equivocación; es como si el mexiquense, a cuyos yerros, corrupción y soberbia le debe en buena parte su histórico triunfo en las urnas, se hubiera convertido en el nuevo "innombrable" para AMLO.

A Fox no ha dudado en tacharlo de "huachicolero" al comentar que frenó la estrategia de Pemex para combatir el robo de combustibles con tecnología de trazadores, a Calderón lo acaba de llamar "corrupto" por haber aceptado ser consejero de una empresa extranjera de energía a la que benefició en su gobierno con contratos y subsidios —aunque al día siguiente le pidió "disculpas" pero le dijo que "se pasó" al trabajar para esa compañía— y a Salinas lo ha nombrado públicamente "el padre de la desigualdad moderna". Bueno, hasta a Zedillo, con quien mantiene una buena relación histórica porque lo ayudó a pasar el requisito de residencia cuando fue candidato a jefe de Gobierno, le recordó que privatizó los ferrocarriles y luego se fue a trabajar con la ferrocarrilera estadounidense Union Pacific, en claro conflicto de interés.

¿Y entonces? Si el presidente López Obrador tiene para todos y para dar y repartir desde la autoridad moral en la que se coloca en su pódium matutino, ¿por qué a Enrique Peña Nieto no lo toca ni con el pétalo de una mención? La explicación que suena más lógica es el "pacto de impunidad" del que tanto se habló con su antecesor en Los Pinos. Desde la campaña presidencial, ya como candidato puntero, Andrés Manuel dejó de atacar a Peña al que antes llamara "el payaso de las cachetadas y el chivo expiatorio", para luego, ya a punto de ganar la Presidencia ofrecerle que "no lo voy a meter a la cárcel ni lo voy a perseguir, porque la venganza no es lo mío".

Así, hasta ahora, Peña parece intocable y se mueve como tal, con toda tranquilidad, lo mismo por la capital española con su joven novia modelo, que en los rumbos mexiquenses. ¿Cuánto le durará esa impunidad y ese pacto? ¿Toda la Cuarta Transformación?

NOTAS INDISCRETAS…La detención ayer en Puerto Vallarta de Jorge Torres López, acusado de fraude bancario y corrupción por el gobierno de EU, anticipa malos tiempos para su gran amigo, el exgobernador Humberto Moreira, a quien el ahora detenido sucedió en la gubernatura en 2011. Y es que a Torres López lo reclama el gobierno de EU por lavado de dinero y fraude bancario, y una vez que sea entregado por la Fiscalía General de la República, es muy posible que en la Corte de Corpus Christi, Texas, utilicen el testimonio del gobernador sustituto para inculpar al verdadero objetivo de esa investigación: Humberto Moreira Valdés… Batimos los dados. Capicúa.