COMO QUE a Olga Sánchez Cordero se le está olvidando que ni los ministros de la Suprema Corte ni el Fiscal General son sus achichincles, por lo que resulta preocupante que quiera sentarlos para “revisar” por qué las cosas no están saliendo como quiere el gobierno.

PORQUE a menos que hayan cambiado la Constitución sin avisarle a nadie, se trata de entes autónomos que no tienen por qué ni para qué reunirse en privado.

Y eso no es sólo en México, en Estados Unidos, por ejemplo, los ministros de la Suprema Corte no ponen un pie en la Casa Blanca ni como turistas... mucho menos andan negociando sus sentencias.

ES MUY SENCILLO: si la Fiscalía está insatisfecha con los fallos, para eso están las apelaciones.

Y si cree que hay corrupción de los jueces, que les abra carpetas de investigación.

Porque, si no se cree en el sistema de justicia, ¿para qué diablos lo tenemos?

LO CURIOSO es que si algo caracterizó a Olga Sánchez Cordero en la SCJN fue su postura garantista, misma que ahora tanto le incomoda.

Como que ya no se acuerda, por ejemplo, que ella votó en favor de liberar a Florence Cassez por violaciones al debido proceso, pese a todas las pruebas en su contra.

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CADA QUIEN su estilo de ejercer la mayoría: mientras Ricardo Monreal privilegia la negociación y los acuerdos en el Senado; en San Lázaro, Mario Delgado está trepado en la aplanadora morenista.

Y MAÑANA planea pasar por encima de la oposición para imponer la reforma que crea la figura de “revocación de mandato”, sin tomar en cuenta otras opiniones al respecto.

Una de las principales modificaciones que se están pidiendo es que esa votación no sea el mismo día de las elecciones para diputados federales en 2021.

LA RAZÓN es evidente: poner al Presidente en las boletas provocará una distorsión en los resultados, dado que su popularidad beneficiará de manera descarada a los candidatos de su partido. 

Y eso, aquí y en China, en Venezuela, en Cuba y en Corea del Norte se llama cargar los dados.

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CARDIACA se está poniendo la sucesión en el Instituto Nacional de Cardiología, donde ya hay tres finalistas. 

Uno es Jorge Gaspar, quien seguramente anda con el pulso acelerado pues se le identifica con el viejo grupo dominante en la institución lo cual le pone un tache con el nuevo gobierno.

Los otros son Jesús Vargas, actual director de Investigación; y Marco Peña Duque, jefe de Hemodinamia de alto perfil académico, pero, sobre todo, con mucha mano izquierda. 

El próximo director enfrentará no sólo un reto médico sino también administrativo, dado el severo recorte que casi le causa un infarto al instituto.