LA MESA está puesta para que Andrés Manuel López Obrador se reelija como Presidente.

La maniobra de Morena en Baja California, para ampliar de manera ilegal la gubernatura de Jaime Bonilla, le da al tabasqueño el antecedente perfecto para perpetuarse en el poder.

RESULTA preocupante que el jefe del Ejecutivo Federal simplemente se lave las manos ante un atropello de la voluntad popular y del marco constitucional.

Al no defender el sufragio, López Obrador está validando que en cualquier estado se extienda, por simple capricho legislativo, el mandato del gobernador en turno.

Y, en una de ésas, ¿por qué no?, también el del presidente de la República. 

CUANDO López Obrador dice que en esto hay “dos puntos de vista”, lo que está haciendo en realidad es dignificar y darle validez a quienes pasaron por encima de la Constitución.

Así de claro y así de terrible.

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QUIENES conocen bien a Carlos Urzúa dicen que no fue una sola persona, ni un solo motivo, lo que lo llevó a presentar su atronadora renuncia.

Por ejemplo, cuentan que el titular de Hacienda más de una vez le manifestó al Presidente su rechazo a que el gobierno le pagara viáticos de magnate a Eugenio Nájera, director de Nafin.

EL FUNCIONARIO viaja en exceso de Monterrey a la Ciudad de México, pues se supone que despacha allá, pero pasa varios días a la semana en uno de los mejores hoteles de Polanco, cargándole al erario sus gastos hasta de restaurantes.

¿Y la austeridad, apá?

Reclamó Urzúa, pero AMLO no le hizo caso pues Nájera viene bien recomendado.

OTRA: el titular de Hacienda se negó a destinar recursos del Fondo Minero para financiar las universidades “Benito Juárez”, pese a que el mandatario le insistía que se tomara ese dinero.

De igual forma, Urzúa habría empujado la idea de una reforma fiscal progresiva, idea que fue dinamitada desde Palacio Nacional.

A TODO ESTO hay que sumar que el ministro canadiense de Finanzas, Bill Morneau, se quejó con su homólogo mexicano de las demandas de arbitraje de la CFE por el tema de los gasoductos.

Y cuando Urzúa le llevó el asunto, a su jefe, éste le salió con que “Manuel Bartlett es un gran abogado y él sabe lo que hace”.

DE AHÍ que la pregunta no es por qué renunció Carlos Urzúa, sino por qué aguantó tanto. 

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PESE al pleitazo interno en Morena, Yeidckol Polevnsky ni sufre ni se acongoja. 

Ayer se le vio en uno de los más caros restaurantes españoles de Polanco, donde seguramente estaba muy bueno el jamón ibérico, pues salió sonriente y satisfecha. 

Ni hablar: la izquierda bien comida, jamás será vencida.