luchador drakkarHERMOSILLO, SON.- Lo que en su niñez inició como una afición a la lucha libre, el arte del Pancracio, se convirtió en una realidad primero al acudir como espectador a las funciones, luego con la confección de máscaras e indumentarias, hasta subirse por primera vez al cuadrilátero hace un par de años, así es como nació Drakkar, luchador de estilo rudo y juguetón con los niños, quien como los súper héroes guarda su identidad en la cotidianidad de la vida.

“Soy muy serio en ese aspecto pero ya te pones la máscara y te conviertes prácticamente en otra persona allá arriba, si te quita esa cohibición porque puedes hacer unas cosas que a lo mejor no las puedes hacer así; igual mi estilo es rudo pero yo me inclino mucho a los niños y muchos me dicen ¡no es que tú no puede ser así! No se me da, me gusta la rudeza allá arriba pero yo no puedo dejar a un niño con la mano extendida, es la ilusión que todos tuvimos desde niño y sería muy feo desairarlo”.

Para cumplir anhelos e ilusiones, Drakkar se ha demostrado a sí mismo que la edad no importa y sólo es un estado mental, luego de pensarlo y vencer miedos inició su preparación física y técnicamente para subirse a pelear a los 42 años, que si bien le impiden realizar ciertas acrobacias se ha adaptado a sus condiciones para depurar un estilo de lucha a ras de lona.

“Tengo ahorita 44 años, de chamaco sí pensé pero nunca se me dio por eso mismo de vergüenza y condición, y va para tres años asistimos a una función precisamente me encontré con un luchador me invitó y fuimos, le planteé a mi hijo, como todos los niños se suben a jugar arriba del ring, vamos a entrenar y empezamos a entrenar pero nunca pensé en subirme, mi edad no me lo permite”.

El apoyo de su familia

Poco a poco avanzó en condición física y capacidad técnica, con la experiencia previa que tenía en confeccionar máscaras para otros luchadores fue como diseñó su propia imagen con la ayuda de su esposa y el apoyo de sus hijos, ambiente en el que se ha desenvuelto y hecho amigos que como él también han sentido los nervios y temores propios de un debut.

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Su nombre de lucha proviene de los nombres vampiros, siempre le ha gustado el mundo de los vampiros, al ponerse la máscara es una catarsis en la que deja de ser la persona que comúnmente es, el padre de familia, el hermano, el amigo, el vecino de la colonia en la que vive, se convierte en otro que porta una identidad mientras que otros ven a la persona con el rostro cubierto con pedazos de tela.

“En mi debut estaba temblando estaba abrochando mis botas, son largas y ya cuando chequé venían mal los ojillos me equivoqué estaba temblando poniéndome mi ropa, pero ya al ponerme la máscara no sé por qué sentí esa relajación, no sé qué tenga que ver la verdad pero así me pasó; y eso es lo que pasa te estás cambiando y estas normal, ya cuando te pones la máscara muchos han de decir que simple es un trapo pero no lo es, yo no lo considero un trapo pero ponértela ya te cambia”.

Amigos se vuelven rivales
Los amigos se vuelven rivales a vencer en el cuadrilátero, matiza Drakkar, su mentalidad es dominar al oponente sin llegar a lastimarlo enfocado en obtener la victoria aún y cuando sabe que su oponente es con quien fuera del ring tiene una amistad, respeto, compañerismo o un lazo familiar.

“Ahí se olvida cada quien, incluso hay hermanos que han luchado entre ellos incluso se han lesionado entre ellos, porque arriba no se sube Pedrito y Juanito se suben rudo y técnico, son rivales que muchas veces no medimos eso lastimaste al otro y ni modo, es parte de y como dice otro compañero se llama sin llorar”.

Junto con Aztek Junior forman la pareja Los Gigantes de la Noche, quien lo animó a ingresar al mundo de la lucha libre primero con la elaboración de máscaras el cual es un talento que Drakkar tiene, ha elaborado alrededor de 200 la mayoría diseños que le presentan, no obstante trata de darles un toque con sus ideas.

“Fue cuando empecé a hacer yo (máscaras), ya había hecho unas sencillitas para apoyar a un amigo que perdió la máscara y ahí me empezaron a contactar, yo les decía que no era lo mío pero a raíz de lo mío empecé a hacer, hacer y hacer, ella (su esposa) es la que me ayuda con los pantalones y de ahí para acá ya se volvió, no puedo decir profesión porque no me dedico a esto, pero sí me está cayendo mucho trabajo”.

Por otra parte, en Hermosillo es poco el apoyo que hay para impulsar la lucha libre, tanto en la obtención de permisos como patrocinadores y publicidad lo que genera mala difusión y baja asistencia a las funciones que se organizan; no obstante hay un nuevo proyecto con el cual pretenden llevar la lucha libre a las colonias de Hermosillo.

EXP/RL/FRU/SEP/2019