papa franciscoCIUDAD DEL VATICANO.- El Papa Francisco advirtió hoy que para extirpar definitivamente la lacra del hambre no bastan las “declaraciones pomposas”, los meros propósitos o los congresos que sólo sirven como solemnes eventos.

Esto en un mensaje para la Jornada Mundial de la Alimentación, dirigido a José Graziano da Silva, director general de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y que fue leído este día en la sede de ese organismo en Roma.

“Los pobres aguardan de nosotros una ayuda eficaz que los saque de su postración, no congresos que, tras estudiar detalladamente las raíces de su miseria, den como fruto únicamente solemnes eventos, compromisos que nunca llegan a materializarse o vistosas publicaciones destinadas solo a engrosar catálogos de bibliotecas”, precisó.

Además sostuvo que nadie se puede quedar tranquilo por haber hecho frente a las emergencias y a las situaciones desesperadas de los menesterosos, sino que todos están llamados a ir más allá y a pasar a la acción, para hacer desaparecer del todo el flagelo del hambre.

Con firmeza
La lucha contra ese mal -añadió- reclama imperiosamente una generosa financiación, la abolición de las barreras comerciales y, sobre todo, el incremento de la resiliencia frente al cambio climático, las crisis económicas y los conflictos bélicos.

Constató que existen los instrumentos adecuados para que las bellas palabras y los deseos se conviertan en un programa de acción concreto, que una esfuerzos, “con firmeza y resolución”, contra ese problema.

“Sin embargo, como en otras grandes cuestiones que afectan a la humanidad, a menudo nos encontramos con enormes obstáculos en la solución de los problemas, con barreras insoslayables fruto de indecisiones o dilaciones”, siguió.

Lamentó la ausencia de vigor de los responsables políticos para afrontar, de raíz, la tragedia del hambre, muchas veces sumergidos únicamente en intereses electorales o atenazados por miradas sesgadas, perentorias o reducidas.

Insistió que falta realmente voluntad política porque, para acabar con el hambre, es necesario “quererlo” y tener la convicción ética de hacer realidad el añejo principio de “hacer al otro aquello que quisiéramos para nosotros mismos”.

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