TheresaMay

BRUSELAS, BÉLGICA.- Consciente de que tiene el reloj en contra, la primera ministra británica Theresa May dedicó la pausa navideña a tratar de contactar a líderes europeos con la intención de obtener nuevas concesiones para su acuerdo de Brexit antes de presentarlo a los Comunes.

El martes pasado se comunicó con la Canciller Angela Merkel, en lo que fue la segunda conversación telefónica con la titular del Estado alemán en nueve días.

Tiene previsto hablar también con Mark Rutte, primer ministro de Holanda, uno de los mayores socios comerciales y políticos del Reino Unido.

La premier británica quiere garantías legales de que Gran Bretaña podrá retirarse de la Unión Aduanera sin ningún compromiso y a partir de un plazo preestablecido.

“Theresa May ha sido muy clara, no se trata sólo de palabras, sino de textos con fuerza legal”, afirmó de visita en Singapur el secretario de Exteriores británico, Jeremy Hunt.

Aseguró que la UE está obligada a hacer esta precisión, debido a que el texto pactado en noviembre pasado señala que el llamado backstop sería una ‘medida temporal’ y ‘excepcional’.

“No pedimos nada nuevo, sólo definir qué se quiere decir con temporal para que podamos tener la confianza de que no quedaremos atrapados en la unión aduanera para siempre en contra de la voluntad del pueblo británico”, señaló.

El próximo 14 de enero está previsto que la Cámara de los Comunes someta a votación el plan acordado entre el gobierno de May y la UE para una retirada ordenada del bloque el 29 de marzo.

Será la segunda ocasión que May intente convencer a los legisladores británicos, luego de aplazar el voto, inicialmente previsto en diciembre, ante una inminente derrota.

En su momento, argumentó su decisión en la preocupación de un número importante de legisladores sobre el carácter indefinido del llamado backstop, un mecanismo que sería activado en caso de que Londres y Bruselas no encuentren una fórmula que evite una ‘frontera dura’ entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda tras el periodo de transición, actualmente establecido en 21 meses a partir del día de retirada.

En caso de activar el instrumento, Irlanda del Norte, y muy probablemente toda Gran Bretaña, quedaría atada a la unión aduanera limitando su capacidad de firmar acuerdos comerciales con terceros países y obligándola a cumplir con una parte importante de la legislación comunitaria.

El pacto actual establece que el backstop solo podrá suprimirse con el consentimiento de ambas partes.

De acuerdo con la líder de la Cámara de los Comunes, Andrea Leadsom, el debate sobre el acuerdo de retirada se reiniciará el próximo 9 de enero; las intervenciones podrían durar cinco días.

Miembros de la bancada euroescéptica, como el antiguo jefe negociador británico para el Brexit, David Davis, anticipan un nuevo aplazamiento de la votación.

A pesar de los esfuerzos diplomáticos, May hasta ahora no ha obtenido ninguna garantía política o legal, incluso éste jueves la portavoz adjunta de la Comisión Europea, Mina Andreeva, reiteró que por lo que respecta a la Unión las negociaciones ya concluyeron y no se modificará el acuerdo.

“Hemos dicho muchas veces que el acuerdo que está sobre la mesa es el mejor y el único posible. Y los líderes de la UE de los 27 confirmaron en sus conclusiones del 13 de diciembre que no se volverá a negociar”.
“Por ahora no se prevén más reuniones entre los negociadores de la Comisión y del Reino Unido, ya que las negociaciones efectivamente han concluido”, insistió.

Informó que en la comunidad ya se inició el proceso de ratificación sobre el acuerdo de retirada y que la Comisión está afinando los preparativos para comenzar con las negociaciones del nuevo acuerdo comercial inmediatamente después de que el Gobierno británico firme la salida.

El Universal / AJV 03/01/19/EV