enfermera voluntariaHERMOSILLO, SON.- Uvelina Gómez Quijada durante más de 4 décadas ha cosechado múltiples satisfacciones en la Cruz Roja Hermosillo ayudando a calmar el dolor ajeno, pero también ha sufrido al no lograr vencer la muerte de personas heridas o enfermas.

“Lo que más me impactó es que te sientes impotente de no poder devolverle la vida a aquella persona, que sabes que se te está yendo y por más que hagas no logras vencer a la muerte”, destacó la voluntaria del área de enfermería de la institución.

Platica que cuando era una jovencita, en 1975 llegó a tomar unos cursos a la Cruz Roja y a partir de ahí le gustó el trabajo de la institución, por lo que aceptó de inmediato la invitación que en aquel entonces le hiciera uno de los fundadores para formar parte de sus filas, el señor Mariano Katase.

Durante mucho tiempo combinó sus guardias de jueves a domingo en la Cruz Roja con su familia, incluso cuando eran muy pequeños sus hijos, dice que se los llevaba a las instalaciones.

Hoy, a 43 años de haber iniciado su vocación de servicio, sólo acude los jueves para hacer la tradicional guardia, porque aún disfruta ayudar a calmar el dolor de las personas que llegan enfermas o heridas.

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Dejó huella

En su paso por la institución, platica que le tocó presenciar la muerte de algunas personas que llegaron heridas de gravedad y es cuando se sintió muy impotente por no poder hacer nada para mantenerla con vida.

Detalla que un día faltó el oficial y la mandaron a la sala de espera en donde estaba la gente esperando consulta.

“Estaba ahí y cuando voltié para afuera vi a una señora con un niño en los brazos llorando mucho, iba a subir los escalones y salí corriendo yo con el uniforme blanco y le quité el niño, al niño lo había atropellado un carro, traía la cabecita toda despedazada, pero sí venía con vida, entonces yo con él entré corriendo a la sala pero se me murió en los brazos”.

Dice que esta situación le impactó porque fue muy dolorosa, pues se trataba de un niño como de 5 años y además, por ver a la madre que no dejaba de llorar.

Además, detalló que también tuvo que calmar al chofer que atropelló al niño porque lloraba y gritaba que él no lo quería matar, pues el menor se le había atravesado.

Su vocación

Uvelina dice que prefiere quedarse con los buenos recuerdos de la gente que regresó a su casa sin dolor y agradece a la vida el haberle otorgado la oportunidad de ser parte de la Cruz Roja.

Porque fue aquí en donde logró grandes satisfacciones para desarrollar su don de servicio, ayudar a las personas en medio del dolor.

“Muchas veces quise renunciar, y no me atreví, a lo más que llegué fue a pedir permiso por tres meses, pero antes ya estaba de regreso otra vez en la Cruz Roja”, culminó sonriendo la entrevista esta ejemplar mujer, que es voluntaria desde 1975 a la fecha.

EXP/MIM/FRU/DIC/2018